Breve historia de terror

El frío lo despertó de su sueño, ya de por sí intranquilo. Llevaba días durmiendo mal, desde el sábado, y las horas de vigilia tampoco eran placenteras. Una extraña sensación de desazón le invadía constantemente. A veces desaparecía durante un rato, cuando estaba distraído haciendo algo que requería su plena atención, por ejemplo. Pero a la que se relajaba, ese malestar volvía a extenderse por sus entrañas, implacable como una gastroenteritis.

Bajó los pies descalzos al suelo y sintió un escalofrío. Algo no iba bien, podía sentirlo, era una sensación casi física, como si miles de arañas se arrastraran bajo su piel, tironeando de sus venas, hurgando en su carne, desovando entre sus vísceras donde nacerían decenas, miles de nuevas arañas peludas y repugnantes que acabarían por devorarle desde dentro.

Sacudió la cabeza para tratar de alejar el miedo. Era cosa de su imaginación, por supuesto; no había arañas bajo su piel, nada malo iba a pasar. Era la dichosa noche de Halloween importada por los americanos, que creaba una atmósfera terrorífica que todo lo contagiaba. Todo iba bien. España iba bien.

España va bien.

España vaaaaaa bieeeen.

Y entonces lanzó un alarido porque por fin comprendió el origen de sus terrores nocturnos y supo que nada, NADA iba a ir bien… al menos no durante los próximos cuatro años.

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